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La siempre lejana, sorpresiva y fugaz…

Reiteradamente pienso en Ella durante el año, pero no logro dar cuerpo a esos pensamientos porque siempre parece faltar mucho para su llegada o simplemente hay muchas cosas por hacer antes de el eternamente lejano diciembre.

Sin darme cuenta y año tras año se repite la misma escena en la que irrumpe Ella, sorpresivamente con su inconfundible fragancia, una mezcla de olor a musgo fresco, eucaliptus y abeto.


Empieza la adrenalina de cumplir con todos los encargos de nuestros clientes, que como a nosotros se les vino encima y en silencio la Navidad.

Literalmente pierdo la voz, y ahora pienso que puede ser una maniobra de mi cuerpo que apaga algunas funciones para optimizar el músculo de la creatividad, en verdad no lo sé… pero lo que si sé, es que disfruto enormente de los resultados.

Como por arte de magia la tienda se transforma, la gente se detiene maravillada a tomar fotografías y las sonrisas de nuestros clientes luego de ver sus encargos materializados son nuestra recompensa.

Y así, entre la prisa y el desorden tan rápido como apareció se esfuma una vez más nuestra siempre lejana, sorpresiva y fugaz Navidad.

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