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La alegría del reencuentro

Nos visitó un viernes de marzo y yo había salido un momento de la tienda.

Luego mi hermana me dijo que entró buscando flor fresca para su casa y ella sin saber de quien se trataba le ofreció sus preferidas, las anémonas.


Cuando llegué, inmediatamente la reconocí, elegante como la recordaba. Luego de hablar con ella y repetirle en reiteradas oportunidades el que yo creía su nombre y en realidad era el de su hija quedamos de acuerdo en que pasaría a buscar uno de nuestros objetos mágicos el viernes siguiente.

Durante la semana reviví los eventos que generosamente nos confió, me invadió la alegría y gratitud de que Chabela nos redescubriera.

Compartimos uno de esos momentos que eligió festejar y decoró Acanto además del encargo que llevó a su casa.

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